¿Qué es el Design Thinking?

¿Cuál es nuestro objetivo cuando creamos un producto? Sin duda llegar al cliente. El Design Thinking es el método más eficaz para conseguir ideas innovadoras que conquisten el mercado. No es un método nuevo, pero sí muy actual y que diariamente ponen en práctica las empresas más importantes de diversos sectores. Veamos por qué.

Qué es el Design Thinking

El Design Thinking es una metodología que concentra sus esfuerzos en tratar de captar qué necesidades tiene el consumidor para cubrirlas por medio de un producto. El término quiere decir Pensamiento de Diseño, y es muy adecuado, puesto que utiliza la capacidad y las habilidades del diseñador para lograr crear aquello que demanda el mercado.

Aunque como comentábamos al principio no es una técnica nueva, está más en boga que nunca. Algo que de por sí ya nos habla de su eficiencia.

Por supuesto cómo no existe un solo usuario final, hay que emplear una gran creatividad para llegar a todos los clientes potenciales. La innovación es vital, ya que es necesario ofrecer algo más que aquellos con los que se está compitiendo. Nuestras ideas tiene que ser mejores.

Claves del Design Thinking


Una vez que tenemos claro lo importante que resulta aplicar el Design Thinking a la hora de crear nuestro producto, veamos cuáles son sus claves:

  • Entender al cliente. Tenemos que ser capaces de pensar como lo hace el destinatario de nuestro producto. Para ello es vital realizar un exhaustivo estudio de mercado para conocer cómo es nuestro cliente potencial. Después utilizaremos la empatía, poniéndonos en su lugar para diseñar aquello que necesita.
  •  Estrategia. Una vez que tenemos claro qué esperan encontrar en nuestro producto los posibles clientes, es necesario discernir qué podemos darles. Aunque buscamos que obtengan la mayor satisfacción, no siempre será factible cumplir al 100% con todas sus expectativas. Enfatizamos que la rentabilidad es vital. De ahí que sea imprescindible diseñar la estrategia a seguir para conseguir nuestro objetivo.
  • Imaginación. No desechar ninguna idea, todas son válidas a la hora de crear una buena estrategia que dé como resultado un buen producto. Así que resulta conveniente estudiarlas todas y quedarse con las más adecuadas. Preguntémonos qué necesita el cliente, qué pretende encontrar, dónde podemos innovar… A partir de ahí comenzaremos nuestro proceso creativo que dará como resultado el producto final.
  • Prototipo.  Antes de crear ese producto final será necesario contar con un prototipo inicial. Partiendo de este primer diseño se perfilará el producto definitivo. Resultará no solo interesante, sino imprescindible, poder testar la opinión del usuario final para conocer hasta qué punto cumple sus expectativas. Entonces estaremos preparados para realizar el diseño definitivo. En ocasiones no será suficiente crear un único prototipo, habrá que ir adaptando el inicial a la opinión que se va testando de sus posibles usuarios hasta llegar al que saldrá al mercado. Interactuar con el cliente final será clave en todo este proceso creativo.

El diseñador clave en el Design Thinking

No cabe duda de que una única persona no puede encargarse de todo lo que implica la llegada al mercado de un producto, al menos en la mayoría de los casos. Por eso es imprescindible contar con un equipo multidisciplinar para conseguir un resultado óptimo.

Sin embargo, lo comentado no debe hacernos olvidar que la figura principal en todo este proceso es la del Design Thinker, es decir la persona que está al mando del mencionado equipo.

Sin duda, este responsable debe ser una persona empática, que consiga ponerse en la piel del cliente, pero también que comprenda la manera de trabajar, pensar y actuar de todos los que comparten la labor de creación.

Debe ser alguien que tenga una mente abierta para poder incorporar a su plan las ideas de todos aquellos que están implicados en este proceso, por supuesto las del cliente final, pero también las de sus compañeros. El trabajo en equipo no es importante, es fundamental.

No podemos pasar por alto la necesidad de encarar todo este proyecto con una actitud positiva. Su curiosidad y su capacidad de observación le llevarán a desarrollar mejor su labor.

En definitiva un buen Design Thinker se pone retos constantemente, lo que lleva a que puedan crecer tanto él como nuestra empresa. Entendemos ahora que resulta un perfil clave en nuestro organigrama.

¿El Design Thinking es para mi negocio?


No cabe duda, si aplicamos las técnicas del Design Thinking a nuestro negocio lograremos crear proyectos innovadores. Estos cautivarán a nuestros clientes, como no puede ser de otra manera, ya que están diseñados teniendo en cuenta sus necesidades.

Pero además, percibiremos que tratar de innovar todo el tiempo nos hace crecer en nuestro sector, convirtiéndonos en una empresa de referencia, como lo son las muchas que utilizan este método.

Creditos:

macguffin.es

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